En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho".
Palabra del Señor.

Meditación
Jesús nos anticipa algo que pasa muy frecuentemente en el mundo de hoy. Una persecución, pero de forma silenciosa. El relativismo actual y la secularización nos llevan, poco a poco, a creer que lo verdaderamente importante ya no lo es; nuestra fe juega en un segundo plano y para nosotros eso no es coherente con el Evangelio.
Hoy la liturgia nos ofrece este Evangelio de reconforto y, de cierto modo, nos alivia y nos da mucha fuerza para el camino que nos queda por recorrer, porque sabemos que no estamos solos, que la fuerza que viene de lo alto nos anima y nos impulsa a dar todo y que nunca vamos a quedar desamparados.
Cuando lleguen los momentos de prueba, pidamos a Dios que nos dé la gracia de permanecer en Él, que con la fuerza de la fe y el brío de la esperanza sepamos ver más allá, que todo no acaba aquí, que nuestra meta es el cielo, y que para la santidad se requiere la valentía del discípulo de Cristo que quiere instaurar su reino en medio del mundo.
Amén
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