Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”.
Entonces Jesús les dijo: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que también nosotros perdonamos a todo aquel que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación”.
Meditación
Tantos, tantos cristianos ha habido en esta tierra de los cuales se dice que hablaban con Dios. Los llamamos santos. Son modelos de vida. Maestros de oración. Unos pasaban horas delante de Cristo en el Sagrario. Otros lo alababan entre paisajes que reconocían como la creación de Dios. Disfrutaban con Él. Lloraban con Él. En Él colocaban su cansancio, con Él desahogaban todo su ser. Con Él estaban verdaderamente. Y Él estaba verdaderamente con ellos.
Yo tengo un deseo de aprender a orar así. De aprender a orar, a hablar como hablo con cualquier persona. De contarle a Dios tantas cosas. De abandonar el formalismo de una tradición, que no sé cómo se formó, para presentarme verdaderamente como soy delante de Él. A veces dudo que pueda lograrlo. Tantas veces me regresa una intuición, que no sé por qué me creo,
